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PARTE 1 de 2 - RELATO PAJERO PREMIUM: REENCUENTRO CON MIS PRIMOS MISIONEROSūüĆ≥

Enviada por: @pajerosargentos 380 0


Los primos. Me reencontr√© con ellos despu√©s de muchos a√Īos, un reencuentro no solo con la casona de mis abuelos y la naturaleza, sino tambi√©n con esos dos primos del campo con los que hicimos mil travesuras y descubrimos en m√°s de una ocasi√≥n cosas muy interesantes a nivel experimentaci√≥n sexual. ¬ŅTe anim√°s a ser parte?

Esta historia me pas√≥ post cuarentena por Covid, en el terru√Īo familiar, mi nombre en este relato ser√° levemente deformado para cuidar la decencia de familia, me llamar√© Alex‚Ķ(aunque por herencia todos los varones nos llamamos de primer nombre ‚ÄúJuan‚ÄĚ en honor al bisabuelo que vino de Europa); soy descendiente de una familia Suiza que junto a otros colonos decidieron a comienzos del siglo XX instalarse en la provincia de Misiones, mis abuelos; los primeros en nacer en Argentina hoy tienen cerca de los 90 a√Īos.

Mis padres oriundos del litoral y descendientes ambos de los colonos decidieron, apenas se casaron, que lo mejor para el porvenir de sus futuros hijos era instalarse en Buenos Aires, as√≠ que crec√≠ como un porte√Īo m√°s, con todos los pro y contras que eso significa‚Ķ No obstante, pese a nacer en Bs As pase pr√°cticamente todos los veranos de la infancia y parte de la adolescencia en la casona de los abuelos, rodeado de naturaleza, animales, vegetaci√≥n interminable, plantaciones de t√© y mate, y mucha agua ya que la casona est√° rodeada por arroyos que fueron la delicia m√≠a y de mis primos por aquellos tiempos.

Hab√≠a pasado pr√°cticamente una eternidad desde la √ļltima vez que vi a mi familia del campo, ya que hoy cerca de cumplir treinta a√Īos no recuerdo si mi √ļltima visita a la casona hab√≠a sido cuando yo ten√≠a 17, 18 o 19 a√Īos, sea como fuere pasaron m√°s de 10 a√Īos sin visitarlos, nuestros √ļnicos contactos eran espor√°dicos mensajes por cumplea√Īos o para contar sobre la muerte de alg√ļn pariente.

¬ŅY por qu√© volv√≠? Volv√≠ porque la vida en la ciudad me estaba volviendo loco, hac√≠a pocos meses me hab√≠a separado de manera muy poco feliz de mi ex novia, el trabajo se hab√≠a convertido en un calvario y el ruido de la ciudad me estaba quemando la cabeza. As√≠ que pens√©, ¬Ņpor qu√© no cambiar de aire?
Unos días, semanas tal vez… Ya tomada la decisión me pedí los días en el trabajo, acomodé mis cuentas, y le avisé a los abuelos que iría a verlos.

Con pasaje en mano llegu√© un s√°bado por la ma√Īana a Aeroparque y en pocas horas ya estaba en Posadas, mi idea al llegar era tomarme micro hasta el pueblo o alquilar un auto peque√Īo pero mi sorpresa fue enorme al ver a la abuela esper√°ndome con un cartel y acompa√Īada por el primo Juanma o JM.

√Čl era el menor de los primos aunque con sus 25 a√Īos ya no era el m√°s chico del tr√≠o inseparable de los veranos, hab√≠a crecido casi hasta los dos metros de altura, nos dimos un gran abrazo que casi me deja sin aliento y nos dirigimos al auto.

JM me pregunt√≥ si me animaba a manejar los casi 200 km que nos separaban la ciudad del campo, acced√≠ y fuimos charlando muy contentos con la abuela detr√°s, mates de por medio y alg√ļn que otro roce a la pierna del primo, sin doble intenci√≥n, al pasar los cambios.

Debo contar que a diferencia m√≠a, los padres de JM y los padres de Juanse no son ambos descendientes de colonos. JM es el √ļnico hijo de la hermana menor de mi madre y de un descendiente de tanos y Juanse es hijo del medio de la otra hermana de madre con un brasilero, por lo que los 3 √©ramos muy distintos f√≠sicamente.

Cuando finalmente llegamos a la casona de los abuelos, no podía creer que estuviera rodeada de tanta vegetación; parecía un refugio en medio de la naturaleza salvaje. ¡Qué alegría fue ver al abuelo! Nos abrazamos y charlamos un rato hasta que apareció JM con mis bolsos.

Hasta ese momento no hab√≠a prestado atenci√≥n en su cuerpo musculoso que ten√≠a que a diferencia del m√≠o no era producto del gimnasio o de dietas, si no de a√Īos de trabajo duro en el campo, el sol tambi√©n hab√≠a dejado su marca en la piel pero lo m√°s llamativo era su sonrisa, sonrisa de pillo.

Una vez descansado y alimentado fui invitado por JM a pasear por el campo y ver si en el camino nos encontrábamos con el resto de la familia, incluido el primo Juanse, como hace mucho tiempo que no subo a un caballo sugerí ir en la chata pero no, insistió; así que al entender mi temor me invitó a subir detrás de él; subí como pude y lo abracé por la cintura primero tímidamente y luego, a medida que el galope era más rápido, con fuerza.

Yo no sé si fue el galope, el frote o el hecho que no venía poniéndola hace rato, pero en determinado momento se me empezó a poner gomosa la verga, por lo que aflojé mis brazos y me separé un poco de JM, hasta ese momento no sabía si era notorio o no, o si el primo lo había sentido la dureza de mi verga pero no dijo nada así que me relajé, pensé en otras cosas y seguimos viaje.

Al descender a la altura de las plantaciones de té, recordé las travesuras de otros tiempos y mi pija volvió a reaccionar. Esta vez si no hubo otra manera de disimularlo que acomodándola por encima del pantalón. JM al ver eso exclamó…

- Veo que venir acá te trae buenos recuerdos eh…- me sonrojé y me hice el desentendido…
- ¬ŅQu√©? ¬ŅQu√© recuerdos? ¬ŅY por qu√©, de qu√© hablas????
- Desde ac√° espiabamos el galp√≥n del capataz cuando tra√≠a a las hijas del carnicero y les daba amor. ¬ŅNo te acord√°s?...
- Ufff, sí el gringo y las mellizas, como olvidarlo…
- ¬ŅY te acord√°s qu√© hac√≠amos al espiarlos?- me dijo, y ante mi negativa, agreg√≥‚Ķ- Nos paje√°bamos los 3 mir√°ndolos, pero tranquilo que ni est√° el gringo ni las mellizas ni Juanse para hacer algo as√≠, y solt√≥ una sonora carcajada.

Creo que mi cara de asombro fue tal que no entraba en mí cabeza lo que acababa de escuchar, JM comenzó a reír y me dijo:

- Vamos, porte√Īito, como se ve que la ciudad inhibe las buenas costumbres campestres, sub√≠ adelante vos ahora que no quiero sentir otro macanazo en las posaderas del diablo‚Ķ

As√≠ fue que sub√≠ adelante agarrando las riendas, al subirse √©l sent√≠ como el caballo se aplom√≥ al suelo, acto seguido JM sujet√≥ mi cadera con sus rodillas por lo que autom√°ticamente pude comprobar la fuerza que ten√≠a, volvimos con un galopar tranquilo pero en mi cabeza adem√°s de paisajes pasaban recuerdos y el morbo de repetir las juntas pajeras con ellos lo antes posible, pero no pod√≠a saber si eso pod√≠a ocurrir‚Ķ ¬ŅEs que c√≥mo no me voy a acordar‚Ķ?
Llegamos a la casona y los abuelos nos recibieron con alegr√≠a, la casa ol√≠a a pan reci√©n horneado; pronto lleg√≥ la noche y mientras compart√≠amos historias de la infancia y aventuras pasadas finalmente apareci√≥ Juanse nos dimos un gran abrazo; Juanse era el mayor de los tres y siempre fue el que lideraba las travesuras, con sus 30 a√Īos bien puestos era un hombre de familia con hijos, viv√≠a a pocos kil√≥metros de la casona principal, vest√≠a la t√≠pica ropa del hombre de campo, pantalones tipo bombacha de campo color marr√≥n claro, camisa, alpargatas y boina. De mi misma altura, musculoso de pelo en pecho que sobresal√≠a por la camisa escotada, piel bronceada y algunas canas en la tupida barba.

Terminada la cena los abuelos se despidieron y los primos nos armamos una fogata cerca al pozo de agua, llevamos unas cervezas que JM tir√≥ con un balde al pozo para que se mantengan bien fr√≠as y entre charla y charla surgieron los recuerdos de adolescencia; aprovech√© la confianza, que se notaba no hab√≠a desaparecido a pesar de los a√Īos y me arm√© un cigarrillo de marihuana para distenderme y dije‚Ķ

- Extra√Īaba esto, la tranquilidad, la naturaleza, el silencio. En la ciudad, todo es tan r√°pido, tan ruidoso, tan impersonal.

Juanse asintió, mirando las estrellas mientras le daba una seca al cigarro y dijo…

- Y yo extra√Īaba que estemos los tres juntos y agreg√≥‚Ķ -Pero ac√°, ahora, en este lugar, todo parece encajar.

Esa noche fui a la habitaci√≥n pasada la medianoche, la habitaci√≥n era de las m√°s grandes con ba√Īo propio, cama matrimonial y unas cuchetas. Me met√≠ en la ducha y no pude evitar recordar todo lo que pas√≥ durante el d√≠a, r√°pidamente la verga se puso gomosa y comenc√© a pajearla, el viaje al campo hab√≠a desbloqueado muchos recuerdos pajeros de otra √©poca.

Continué con la paja pero esta vez imaginando el futuro, pajear de grandes los 3 sería una locura pero no era imposible ya que había buena onda y era evidente que ninguno había dejado de ser un zarpado.

Los d√≠as pasaron volando y los tres compartimos an√©cdotas, secretos, sue√Īos, silencios c√≥modos y trabajo duro (al que no estaba acostumbrado) en el que era evidente que yo estaba muy en desventaja, a pesar de entrenar durante toda mi vida. El ver a los primos transpirar como animales mientras trabajaban me pon√≠a a mil, me cuestionaba un poco ese deseo que sent√≠a pero igual al toque ve√≠amos a las gringas de la estancia y nos imagin√°bamos qu√© hacerles y c√≥mo. Era morbo pajero y complicidad entre machos, qu√© tanto.

Todas esas noches me clavé una o dos pajas antes de dormir, pero seguía necesitando abrir el juego con ellos. Así que un día me animé….

Me animé a revivir el pasado caliente con mis primos.

CONTINÚA…

Para saber c√≥mo fueron mis encuentros salvajes de campo con los primos pajeros, entr√° al link y con un peque√Īo aporte te enter√°s de todo.

SPOILER ALERT: Todav√≠a se me pone dura cuando me acuerdo‚Ķ ūüćÜ

CONTINUA EN PARTE 2...

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